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Una de las caras más visibles del turismo corporativo en Brasil es Eloi D'Ávila, un hombre cuya historia de vida ha inspirado a muchos. Su trabajo en pro del sector y sus empleados le ha hecho merecedor de varios reconocimientos.
por Vanesa Restrepo
El negocio de los viajes corporativos en Brasil ha crecido en los últimos años y se ha mantenido a flote a pesar de grandes crisis como la generada en todo el mundo luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la crisis inmobiliaria que desencadenó una caída en la economía mundial, o con las alzas en los precios de los hidrocarburos que dispararon los precios de los tiquetes aéreos entre 2008 y 2010.
Una de las empresas que ha logrado mayor reconocimiento en el sector de viajes corporativos es Flytour, que nació en 1971 como EDO Representaciones y hoy alcanza una facturación de más de 1.600 millones de reales (US$917,3 millones) y cuenta con un plantilla de empleados y colaboradores que supera las 2.000 personas.
Flytour tiene varias características especiales: es la primera agencia especializada en business travel que hace presencia en casi toda América Latina y tiene una rotación de personal bastante baja, por lo que no es difícil encontrar casos como el de Domingos Amorim, actual director de Flytour Travel Solutions, que comenzó hace casi 30 años como asistente en las oficinas.
Así mismo, la empresa se rige por un esquema de servicio con calidad y atención personalizada que le ha valido la fidelidad de varios clientes. Pero lo más admirable de todo esto es que Flytour fue creada y es dirigida por un hombre que no pudo asistir a la academia y que desde muy niño vivió en las calles: Eloi D'Ávila.
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Un ejemplo de superación
Hoy es el presidente de Flytour conoce el segmento de turismo y viajes corporativos con la propiedad que le da una experiencia de más de 35 años. Y es que antes de fundar su empresa Eloi D'Ávila fue limpiador de carros, vendedor de pasteles, cargador de maletas y cualquier otro trabajo de calle que un niño pueda realizar.
Su historia de vida, bastante particular, se ha convertido en un ejemplo e inspiración para todos sus empleados, colegas y amigos, así como para los emprendedores de Brasil que han conocido los pormenores de la vida de Eloi a través de los medios de comunicación.
Como pocos en esta industria, Eloi D'Ávila se formó en las calles. Nació en 1951 en Esteio, un municipio de 80.000 habitantes en el estado de Rio Grande do Sul. Fue el decimoquinto hijo de una familia cuyos padres murieron muy pronto, por lo que fue criado por una de sus hermanas desde que tenía dos años y medio, con la que sobrevivía gracias a la venta de pasteles en la calle.
Sin embargo las dificultades económicas y familiares lo llevaron a fugarse de la casa con rumbo a Sao Paulo cuando apenas tenía ocho años, permaneció por varios días en la estación de tren hasta que una familia lo acogió.
Entonces comenzó a trabajar en un local de la estación como ayudante para cargar y entregar maletas a las personas que iban de compras a la ciudad. “Ahí me di cuenta de que el negocio de los viajes era un éxito; había una relación entre las maletas y el dinero”, explica nuestro Profesional.
Tiempo después salió de la ciudad para conocer el mar en compañía de dos amigos, uno de seis años y otro más de 14, con quienes durmió en las playas de Rio de Janeiro por varios días, a pesar de estar insolado y enfermo.
La industria turística se hizo más visible a los ojos de Eloi en Rio, donde la mitad de los transeúntes con los que se cruzaba eran extranjeros. Por eso decidió acercarse más al negocio y empezar a trabajar aparcando y lavando autos en la entrada de uno de los principales hoteles de la ciudad, el Copacabana Palace.
A pesar de que ya tenía algo parecido a un trabajo, Eloi seguía sin casa y de eso se percató el personal del hotel que después de verlo dormir en la calle le cedió una de las habitaciones de servicio para que pasara la noche.
Uno de esos días de trabajo llegó la primera oportunidad que cambió su vida. En la entrada del hotel lavó el carro de un guía mientras éste acompañaba a los huéspedes a hacer check in, cuando entregó el carro de vuelta, el guía le preguntó qué hacía en la zona y luego de escuchar toda la historia lo ayudó a conseguir su primer empleo.
Así, con tan sólo 12 años Eloi comenzó a ayudar con las labores de Estella Barros, una de las agentes de viajes con mayor trayectoria en Brasil. Él se encargaba de labores sencillas como ayudarla con papeles y hacer su café, y como seguía sin casa, dormía en un sofá de dos puestos que había en la oficina. “Hoy todas nuestras tiendas y sucursales tienen un sofá de dos puestos”, describe Eloi.
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