Hace poco llegué quizás al pico de mi preocupación por nuestra industria. Iba a comprar un boleto aéreo entre Colombia y Miami y me encontré con la sorpresa de que valía un poco más de USD70, esto volando con una de las principales aerolíneas del mercado. Sin embargo la alegría se fue diluyendo poco a poco a medida que se acercaba el momento de pagar. En este instante me di cuenta de que el regalo inicial había sobrepasado ligeramente los USD300.
Posteriormente fui haciendo otras reservas a diferentes países latinoamericanos y la verdad es que los impuestos, tasa a la gasolina y otros ítems han incrementado terriblemente los precios de los boletos aéreos, incluso a proporciones en las que ya se cuestiona si se puede o no viajar. El turismo resulta gravemente damnificado por esta situación y en el sector corporativo ya muchas veces se preguntan qué tanto se tiene que vender en un viaje de negocios para justificar la inversión inicial en el pasaje. Obviamente, en estos días, ya el tema del branding es un aspecto secundario. Hoy se requieren más resultados que otra cosa.
Sin embargo recientemente me encontré con la noticia de que el próximo año podrían reducirse, en la primera mitad, las tarifas del transporte aéreo, mientras que los valores de los cuartos hoteleros tendrían un ligero incremento, algo que podría empezar a balancear los números de un sector que durante el último año enfrentó mermas y más mermas en sus ganancias por habitación disponible.
Pero más allá de lo anterior estoy terriblemente preocupado. ¿Será que hay alguna posibilidad de que los impuestos se reduzcan de tal forma que los boletos bajen a tarifas que nos convengan a todos? Habría quizás que pensar en la creación de comisiones para evaluar por dónde se puede rebajar un poco, pues todos, absolutamente vamos a resultar terriblemente perjudicados por la situación y dentro de poco podría ser toda la cadena del turismo la que esté bajando costos a ver si de algún modo se pueden sostener negocios, aún cuando no sean del todo rentables.
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Sin embargo recientemente me encontré con la noticia de que el próximo año podrían reducirse, en la primera mitad, las tarifas del transporte aéreo, mientras que los valores de los cuartos hoteleros tendrían un ligero incremento, algo que podría empezar a balancear los números de un sector que durante el último año enfrentó mermas y más mermas en sus ganancias por habitación disponible.
Pero más allá de lo anterior estoy terriblemente preocupado. ¿Será que hay alguna posibilidad de que los impuestos se reduzcan de tal forma que los boletos bajen a tarifas que nos convengan a todos? Habría quizás que pensar en la creación de comisiones para evaluar por dónde se puede rebajar un poco, pues todos, absolutamente vamos a resultar terriblemente perjudicados por la situación y dentro de poco podría ser toda la cadena del turismo la que esté bajando costos a ver si de algún modo se pueden sostener negocios, aún cuando no sean del todo rentables.
| < 2011, un buen año, creemos uno nuevo mucho mejor | Una bonita práctica > |
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