Después de tremenda descarga de adrenalina, y con el pelo aún acomodándose, llegamos a Duluth, una ciudad que mezcla varios entornos. A orillas del lago Superior el ambiente es puramente de pesquero. Vienen a la cabeza esas imágenes de pueblos con cantinas en las que los marinos se reunían hasta altas horas de la noche a ahogar sus penas en un trago o a enamorar a alguna chica bonita. En las montañas abundan los chalets pues la gente de la ciudad tiene en su mayoría raíces suizas o alemanas.
En el puerto abundan los edificios color ladrillo, típicos de los puertos americanos y los restaurantes que se abren y se cierran en medio de los chillidos de las gaviotas. Entramos a almorzar, no a un restaurante de comida marina, sino a Real Pit Bar B Que, el lugar donde me he comido la mejor comida sureña de los Estados Unidos; muy suave y de inigualable sabor. Allí me reuní con Gene Shaw, director de Relaciones Públicas de Visit Duluth.
Luego de almorzar, alrededor de las tres de la tarde, me embarqué un crucero por el lago Superior. El viaje lo hicimos con Vista Fleet, empresa propietaria del Vista Star, un bote de dos pisos desde el que se puede apreciar toda la majestuosidad del lago. En el primer piso tiene un restaurante climatizado, en el que se pueden disfrutar toda clase de pasa bocas y bebidas. El paseo duró cerca de una hora en la que el aroma de la brisa carente de sal, lo cual es ventaja, refresca la cara.
Después de esta experiencia me reuní nuevamente con Gene, lugareño que me llevó, en compañía de dos periodistas alemanes, a degustar un par de bebidas en uno de los pubs tradicionales de la zona. Después nos fuimos en comitiva para el JJ Astor, un restaurante giratorio ubicado en el último piso del Radisson Duluth, hotel situado a media montaña y en donde comimos white fish con ensalada de mango y aguacate. Desde allí se tiene una vista maravillosa de una ciudad en donde, al igual que en el resto del estado en verano, oscurece alrededor de las nueve de la noche. Allí pernoctamos hasta el día siguiente en el Confort Suites, del Canal Park Drive, un lugar en el que se viven unos amaneceres de indescriptible belleza.
El mundo del walleye
Al día siguiente partí para Brainerd, ciudad bastante pintoresca al suroeste del estado. Después de dos horas y medias en auto, y luego de haber visitado la mansión Glensheen, llegamos al histórico Grand View Lodge, un apacible resort situado a orillas del lago Gull en donde pasaría la noche después de un día con muchas actividades.
Me entrevisté con Scott Fischburg, vicepresidente de ventas del resort; éste cuenta con 400 habitaciones diseminadas en cerca de 200 unidades habitacionales, de las cuales el 50% es propiedad privada individual. Además de los cuartos el lugar tiene tres campos de golf y, a diferencia de la mayoría de los establecimientos de la zona que en invierno funcionan con limitaciones, el Grand View Lodge está abierto todo el año.
Después me fui de pesca con Chris y Tim Edinger, un guía profesional que se ofreció a llevarnos y a darnos algunas recomendaciones para pescar, que por cierto derribaron viejos mitos. Parece que los peces no sienten dolor cuando son atrapados por el anzuelo, gracias a su sangre fría. Esto hace que perciban el dolor más como una amenaza que como una sensación física.
Otro de los mitos es el de arrojar la carnada lo más lejos posible. Cuando se está en un bote lo ideal es lanzar la mosca o el pez justo debajo de la nave, en la profundidad que es donde están los peces. La vara se debe dejar lo más quieta posible y cuando pique el pez se hala para hacer que el anzuelo lo atrape. Mi resultado fue aceptable, aunque durante la primera media hora me la pasé alimentando los peces del lago con la carnada. Al final pesqué un róbalo que no picó el anzuelo, así que no sé cómo salió. Después de verlo lo regresé al lago.
Regresamos al Grand View Lodge y después de un chapuzón en el lago, salimos para otro establecimiento insignia en la zona: Madden´s on Gull Lake. Allí me esperaban Paul Welch, gerente de ventas, y Kathy Reichenbach, directora de Marketing. El lugar tiene uno de los mejores campos de golf de la zona, combinándose perfectamente con atracciones familiares como piscinas interiores y exteriores.
Después de un corto recorrido por las instalaciones me fui con mis anfitriones a The Classic Grill, uno de los restaurantes que tiene el complejo. La noche cayó en compañía de un New York Strip (jugoso corte de carne con vegetales) acompañado de un malbec. Para el postre, Matías, el chef chileno que nos preparó la cena, nos consintió con una pequeña mezcla de quesos confitados al coñac.
Mi cita con unas gemelas
Me restaban dos días en este fam. Salí rumbo a las ciudades gemelas -Minneapolis y St. Paul. Luego de un poco más de tres horas de viaje llegué a mi destino, esta vez me esperaban en el bellísimo Marquette Hotel, administrado por la cadena Hilton. Era Bill Deef, vicepresidente de Relaciones Internacionales de Meet Minneapolis, algo así como la oficina de turismo de la ciudad.
El Marquette es un hotel boutique, con un fuerte componente de turismo de negocios por lo que el 75% de sus ingresos proviene de este rubro y el otro 25% corresponde a leisure.
A la una de la tarde me encontré nuevamente con Bill y me fui para Britt´s, un pub irlandés cerca del hotel. Allí se nos unió Chris para presenciar el juego de Uruguay vs. Alemania en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Como sudamericano le hice fuerza a Uruguay y aunque el bar estaba repleto de alemanes eso no fue inconveniente para que termináramos todos unidos comentando las incidencias del juego.
Después nos fuimos a recorrer la ciudad. Anduvimos por las avenidas ubicadas en ambos lados del Río Mississippi conociendo los lugares donde se gestó la historia industrial de la ciudad de lagos (tiene cerca de 20).
Llegó la hora de la cena; atendí las sugerencias de Bill y de Yuko Miyamoto, gerente de proyectos de Relaciones Internacionales de Meet Minneapolis, para ir a Origami, un restaurante japonés que ofrece mucho más que los simples rollos California que se sirven por ahí; ese día pedí dos especiales: los rollos nueve semanas y media y los TNT, que tenían mayonesa picante y jalapeño picado. Después de la tertulia regresé al hotel.
Era el turno de St. Paul, capital del estado. Desayuné con algunas personalidades como Ana Luisa Fajer, Cónsul General de México en St. Paul y Gerard Viardin, gerente del Marquette Hotel. Luego salí a recorrer la ciudad con Millie Philipp y Michael Hernández, gerente de ventas a grupos de Visit St. Paul.
La capital está aproximadamente a 20 minutos de Minneapolis y cuenta con cerca de 300 mil habitantes y allí se encuentra el Distrito del Sol, lugar donde se congrega mayoritariamente la población hispana. En este vecindario la ciudad pasa de ser la metrópolis americana a ser muy parecida a la Ciudad de México. Pero adicionalmente la ciudad es reconocida por sus maravillas arquitectónicas, entre las que se encuentran la Catedral de Saint Paul, una verdadera joya religiosa que compite con la mansión de James J. Hill, empresario ferroviario conocido por ser el constructor de la primera ferrovía entre el medio oeste del país y la ciudad de Seattle.
Al final de la tarde visitamos a un pueblito bien particular llamado Still Water, a orillas del río St. Croix, un lugar de veraneo con un elegante aire europeo. La oferta gastronómica de la zona es amplia y los visitantes ciertamente pueden elegir entre una gran variedad de carnes rojas y blancas, pasta y ensalada. Y este fue el fin.
Terminamos nuestro viaje por Minnesota, el estado de los 10 mil lagos, un lugar con múltiples posibilidades para los viajeros latinoamericanos, que pueden ser fácilmente organizadas a modo de paquetes según las necesidades de los operadores, mayoristas y agentes. Como dije al principio: Minnesota sorprende, incluso por su facilidad para recibir al extranjero y porque en medio de sus diferencias puede tener mucho en común con Latinoamérica.
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| Índice del Artículo |
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| ¡Sí, esos paisajes son reales! |
| ¿Era el mar o es tan sólo un lago? |
| Compre, juegue y disfrute: Mall of America |
| Ver el artículo completo |
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¿Era el mar o es tan sólo un lago?Después de tremenda descarga de adrenalina, y con el pelo aún acomodándose, llegamos a Duluth, una ciudad que mezcla varios entornos. A orillas del lago Superior el ambiente es puramente de pesquero. Vienen a la cabeza esas imágenes de pueblos con cantinas en las que los marinos se reunían hasta altas horas de la noche a ahogar sus penas en un trago o a enamorar a alguna chica bonita. En las montañas abundan los chalets pues la gente de la ciudad tiene en su mayoría raíces suizas o alemanas.
En el puerto abundan los edificios color ladrillo, típicos de los puertos americanos y los restaurantes que se abren y se cierran en medio de los chillidos de las gaviotas. Entramos a almorzar, no a un restaurante de comida marina, sino a Real Pit Bar B Que, el lugar donde me he comido la mejor comida sureña de los Estados Unidos; muy suave y de inigualable sabor. Allí me reuní con Gene Shaw, director de Relaciones Públicas de Visit Duluth.
Luego de almorzar, alrededor de las tres de la tarde, me embarqué un crucero por el lago Superior. El viaje lo hicimos con Vista Fleet, empresa propietaria del Vista Star, un bote de dos pisos desde el que se puede apreciar toda la majestuosidad del lago. En el primer piso tiene un restaurante climatizado, en el que se pueden disfrutar toda clase de pasa bocas y bebidas. El paseo duró cerca de una hora en la que el aroma de la brisa carente de sal, lo cual es ventaja, refresca la cara.
Después de esta experiencia me reuní nuevamente con Gene, lugareño que me llevó, en compañía de dos periodistas alemanes, a degustar un par de bebidas en uno de los pubs tradicionales de la zona. Después nos fuimos en comitiva para el JJ Astor, un restaurante giratorio ubicado en el último piso del Radisson Duluth, hotel situado a media montaña y en donde comimos white fish con ensalada de mango y aguacate. Desde allí se tiene una vista maravillosa de una ciudad en donde, al igual que en el resto del estado en verano, oscurece alrededor de las nueve de la noche. Allí pernoctamos hasta el día siguiente en el Confort Suites, del Canal Park Drive, un lugar en el que se viven unos amaneceres de indescriptible belleza.
El mundo del walleye
Al día siguiente partí para Brainerd, ciudad bastante pintoresca al suroeste del estado. Después de dos horas y medias en auto, y luego de haber visitado la mansión Glensheen, llegamos al histórico Grand View Lodge, un apacible resort situado a orillas del lago Gull en donde pasaría la noche después de un día con muchas actividades.
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Después me fui de pesca con Chris y Tim Edinger, un guía profesional que se ofreció a llevarnos y a darnos algunas recomendaciones para pescar, que por cierto derribaron viejos mitos. Parece que los peces no sienten dolor cuando son atrapados por el anzuelo, gracias a su sangre fría. Esto hace que perciban el dolor más como una amenaza que como una sensación física.
Otro de los mitos es el de arrojar la carnada lo más lejos posible. Cuando se está en un bote lo ideal es lanzar la mosca o el pez justo debajo de la nave, en la profundidad que es donde están los peces. La vara se debe dejar lo más quieta posible y cuando pique el pez se hala para hacer que el anzuelo lo atrape. Mi resultado fue aceptable, aunque durante la primera media hora me la pasé alimentando los peces del lago con la carnada. Al final pesqué un róbalo que no picó el anzuelo, así que no sé cómo salió. Después de verlo lo regresé al lago.
Regresamos al Grand View Lodge y después de un chapuzón en el lago, salimos para otro establecimiento insignia en la zona: Madden´s on Gull Lake. Allí me esperaban Paul Welch, gerente de ventas, y Kathy Reichenbach, directora de Marketing. El lugar tiene uno de los mejores campos de golf de la zona, combinándose perfectamente con atracciones familiares como piscinas interiores y exteriores.
Después de un corto recorrido por las instalaciones me fui con mis anfitriones a The Classic Grill, uno de los restaurantes que tiene el complejo. La noche cayó en compañía de un New York Strip (jugoso corte de carne con vegetales) acompañado de un malbec. Para el postre, Matías, el chef chileno que nos preparó la cena, nos consintió con una pequeña mezcla de quesos confitados al coñac.
Mi cita con unas gemelas
Me restaban dos días en este fam. Salí rumbo a las ciudades gemelas -Minneapolis y St. Paul. Luego de un poco más de tres horas de viaje llegué a mi destino, esta vez me esperaban en el bellísimo Marquette Hotel, administrado por la cadena Hilton. Era Bill Deef, vicepresidente de Relaciones Internacionales de Meet Minneapolis, algo así como la oficina de turismo de la ciudad.
El Marquette es un hotel boutique, con un fuerte componente de turismo de negocios por lo que el 75% de sus ingresos proviene de este rubro y el otro 25% corresponde a leisure.
A la una de la tarde me encontré nuevamente con Bill y me fui para Britt´s, un pub irlandés cerca del hotel. Allí se nos unió Chris para presenciar el juego de Uruguay vs. Alemania en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica. Como sudamericano le hice fuerza a Uruguay y aunque el bar estaba repleto de alemanes eso no fue inconveniente para que termináramos todos unidos comentando las incidencias del juego.
Después nos fuimos a recorrer la ciudad. Anduvimos por las avenidas ubicadas en ambos lados del Río Mississippi conociendo los lugares donde se gestó la historia industrial de la ciudad de lagos (tiene cerca de 20).
Llegó la hora de la cena; atendí las sugerencias de Bill y de Yuko Miyamoto, gerente de proyectos de Relaciones Internacionales de Meet Minneapolis, para ir a Origami, un restaurante japonés que ofrece mucho más que los simples rollos California que se sirven por ahí; ese día pedí dos especiales: los rollos nueve semanas y media y los TNT, que tenían mayonesa picante y jalapeño picado. Después de la tertulia regresé al hotel.
Era el turno de St. Paul, capital del estado. Desayuné con algunas personalidades como Ana Luisa Fajer, Cónsul General de México en St. Paul y Gerard Viardin, gerente del Marquette Hotel. Luego salí a recorrer la ciudad con Millie Philipp y Michael Hernández, gerente de ventas a grupos de Visit St. Paul.
La capital está aproximadamente a 20 minutos de Minneapolis y cuenta con cerca de 300 mil habitantes y allí se encuentra el Distrito del Sol, lugar donde se congrega mayoritariamente la población hispana. En este vecindario la ciudad pasa de ser la metrópolis americana a ser muy parecida a la Ciudad de México. Pero adicionalmente la ciudad es reconocida por sus maravillas arquitectónicas, entre las que se encuentran la Catedral de Saint Paul, una verdadera joya religiosa que compite con la mansión de James J. Hill, empresario ferroviario conocido por ser el constructor de la primera ferrovía entre el medio oeste del país y la ciudad de Seattle.
Al final de la tarde visitamos a un pueblito bien particular llamado Still Water, a orillas del río St. Croix, un lugar de veraneo con un elegante aire europeo. La oferta gastronómica de la zona es amplia y los visitantes ciertamente pueden elegir entre una gran variedad de carnes rojas y blancas, pasta y ensalada. Y este fue el fin.
Terminamos nuestro viaje por Minnesota, el estado de los 10 mil lagos, un lugar con múltiples posibilidades para los viajeros latinoamericanos, que pueden ser fácilmente organizadas a modo de paquetes según las necesidades de los operadores, mayoristas y agentes. Como dije al principio: Minnesota sorprende, incluso por su facilidad para recibir al extranjero y porque en medio de sus diferencias puede tener mucho en común con Latinoamérica.
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