¡Sí, esos paisajes son reales! |
Página 1 de 3 Hace un par de semanas GERENCIA DE VIAJES estuvo en Minneapolis, St. Paul, Duluth y Brainerd, lugares representativos del Estado de Minnesota. En medio de la exuberante belleza de la zona pude por fin saldar una de mis deudas de la infancia. por Julián Arcila Gran parte de mi infancia y la pre adolescencia, en mi natal Medellín, las pasé teniendo como compañero un cuadro con una fotografía que representaba una casa tipo chalet suizo, a la orilla de un río de aguas diáfanas, con enormes y pequeñas piedras grisáceas a su alrededor, y un hombre con un perro, creo que era un golden retriever, que se disponía a pescar. Aunque en muchos de nuestros países latinos contamos con paisajes muy similares al descrito, estaba seguro de que esa foto representaba algún lejano lugar del norte de los Estados Unidos o incluso Canadá; desde ese entonces soñaba con el momento en que lo pudiera visitar, hallándome en algún paraje rodeado de pinos y cedros. Mi sueño se hizo realidad. Cuando recibimos la invitación de las autoridades del Estado de Minnesota y del Mall of America para visitar Bloomington y las ciudades gemelas -Minneapolis y St. Paul-, tuve la certeza de que iba a ser algo muy diferente a los fam trips que había hecho hasta entonces. La pregunta era entonces qué iba a salir del viaje a un destino semi desconocido para los latinos y que estaba atestado de lugares con nombres indígenas. Una vez allí concluí que en América Latina estereotipamos los Estados Unidos y desconocemos la forma y los lugares donde se sentaron las bases de la que por el momento es la primera potencia del mundo. Minnesota sorprende, y mucho Para llegar al aeropuerto internacional de Minneapolis - St. Paul utilicé los servicios de Continental Airlines en la ruta Medellín - Panamá - Houston - Ciudades Gemelas. Sin embargo las posibilidades de conexión aérea son múltiples. Delta Airlines inaugurará el próximo 18 de diciembre el primer vuelo directo entre Ciudad de México y este destino. A mi llegada me esperaban Millie Philipp, directora de Cuentas Internacionales del Mall of America y Chris Van Meter, encargado del mercadeo del estado con los operadores, quien además de ser mi guía turístico ofició en ocasiones de fotógrafo y hasta de historiador. Del aeropuerto de las ciudades gemelas –no es un apodo caprichoso, sino que obedece a la estructura administrativa de las mismas, cercanía, crecimiento y desarrollo paralelos- salimos para Bloomington; la primera parada fue el Hotel Radisson by Mall of America, un establecimiento con 403 habitaciones que combina una arquitectura rústica con la elegancia de la cadena hotelera, pero que además tiene en su interior su propio parque acuático: Water Park of America. Allí grandes y chicos pueden surfear, deslizarse por toboganes o, incluso, dar recorridos alrededor del parque, montados en salvavidas sobre un arroyo artificial. La apretada agenda que teníamos no nos permitió ingresar al parque temático, pero quedamos en volver para disfrutar de esta atracción. Al día siguiente, luego de desayunar con Sarah Strege, gerente de ventas grupales del Radisson; Heather Proskey, coordinadora de marketing & eventos de la ciudad de Bloomington y Millie Philipp nos dirigimos al zoológico de la ciudad, cuyo lema es “cambiando la forma como se observa el mundo”. En este lugar me reuní con Jessica Lodge, ejecutiva de ventas del parque, y con Sara Benson, encargada de las relaciones públicas del mismo. Este lugar tiene aspectos interesantes y novedosos, como el hecho de que exhiban especies animales que no se ven con frecuencia en Latinoamérica, tales como osos negros, tigres siberianos y varias especies de monos y cocodrilos más típicos de Norteamérica; también ofrecen charlas y conferencias y desarrollan investigación, todo para comprender mejor las condiciones ideales de supervivencia para las especies locales y foráneas. Ya aquí me había alcanzado el medio día y Tucci Bennuch, un exquisito restaurante italiano me esperaba en el Mall of America, en la antesala de nuestro tour de compras por este gigante comercial. Las impresiones se las compartiremos en el apartado al final de este artículo. En el restaurante estábamos otra vez Heather, Millie y el redactor, evaluando lo que sería el resto de la jornada. Mientras lo hacíamos le hice el quite al hambre con mis Rigatone Pizzaiola, con salchicha italiana, queso mozzarella, pimientos rojos, cebolla y crema de tomate. El resto de la tarde la pasé comprando en el mall (ver recuadro anexo). Por los suburbios de Minneapolis rumbo al lago Superior Al día siguiente, muy temprano, partí con Chris Van Meter, en un camino de cerca de tres horas, entre Bloomington y Duluth, una perla minnesota (gentilicio de las cosas y las personas de este estado) ubicada en la rivera del lago de agua dulce más grande del mundo. Antes de tomar el camino, rodeados de vegetación y otros cuerpos de agua en cuya orilla se aprecian casonas de varias plantas y hasta muelles para los botes de los lugareños, paramos en un barrio tradicional en Minneapolis, en donde tomamos del desayuno en una cafetería francesa tradicional. En el camino, Van Meter me contó sobre las riquezas y la diversidad artística, cultural y deportiva del estado, que se ve reflejada en sus más de 500 campos de golf, compañías de teatro y espacios de representación dramática y musical, como también en los estadios de beisbol y fútbol americano donde juegan los famosos Minnesota Twins y los Vikingos, respectivamente. A medida que avanzábamos íbamos sintiendo el olor a campo, el aroma de lo incontenible, de lo indescifrable, de lo que únicamente se puede vivir en contacto con la naturaleza. Minutos antes de llegar a Duluth está Spirit Mountain, un área recreativa que es a la vez zona de camping, pista de esquí durante los inviernos y recinto para eventos privados tales como bodas y banquetes. En ese lugar tuve la oportunidad de vivir otra experiencia única: me subí en una especie de trineo montado sobre rieles metálicos para descender a toda velocidad por la montaña y en medio de la vegetación, con una vista inigualable del lago Superior. Esta atracción se conoce como el Timber Coaster y, según Briana Johnson, directora de marketing y ventas del complejo, es una de las cinco alpine coasters en Estados Unidos y la única de la región del medio oeste. Estos pequeños vehículos -muy populares en Europa- pueden alcanzar velocidades hasta de 40 kilómetros por hora.
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