Cuando se hace un viaje generalmente se extraña la casa. Pero en la zona de Coconut Grove, en Miami, hay un lugar que hace todo lo posible para que sus huéspedes se sientan como si nunca hubieran dejado su hogar.
por Julián Arcila
He estado un par de veces en el Hotel Sonesta de Coconut Grove, en Miami, y puedo decir que es un lugar que tiene la capacidad de transmitir un sinfín de emociones. Es como vivir el puro sentido de lo bueno, pues además de estar ubicado en una de las zonas más populares de la “capital del sol”, como establecimiento hacen todo lo posible, y creo que hasta lo imposible, para no desentonar con sus alrededores o más aún decepcionar al visitante.
Cuando supe que debía escribir sobre ese hotel pensé que iba a tener la oportunidad de verificar que lo que percibí la primera vez que me hospedé allí era cierto. Recibimos la invitación de Benjamín Cabán, el nuevo jefe de ventas del hotel, quien tomó esta posición hace ya siete meses luego de haber trabajado con algunas de las más importantes cadenas hoteleras del planeta como Hyatt y Marriott.
Llegué un día de mediados de mayo, precisamente cuando el clima de esa ciudad está en su mejor etapa, ni muy frío ni muy caliente, y esto propicia que se pueda disfrutar tanto de los interiores, como de las zonas comunes de los hoteles y de los mismos exteriores.
Tenía poco tiempo para empaparme del Sonesta, pero hice lo posible. A mi favor tenía el hecho de que no es muy difícil habituarse a esta propiedad, gracias a una combinación perfecta entre diseño arquitectónico, servicio al cliente y un exquisito restaurante, algo que en mi opinión levanta o rebaja la categoría a un hotel. El hotel está decorado al estilo Miami: muy cosmopolitan, tipo boutique, su decoración es sexy e integra colores claros y fríos con los cálidos, siempre representando la vida de la ciudad.
Antes de hacer la inspección de los interiores aproveché y di un recorrido por el sector, que ya me es un tanto familiar (las oficinas de GERENCIA DE VIAJES en Miami están bastante cerca).
Coconut Grove fue tradicionalmente una de los lugares más activos de Miami, pero la crisis económica y algunas regulaciones en cuanto a los establecimientos comerciales en zonas residenciales mermaron un poco la afluencia de público a un vecindario que se caracteriza por sus buenos restaurantes, opciones financieras, galerías de arte, discotecas y bares.
Un diamante en la roca
La cocina fue la puerta de entrada hacia el Sonesta. A las cinco de la tarde de un viernes fresco me reuní con Christopher Cramer, chef ejecutivo del Restaurante Panorama, uno de los emblemas de esta propiedad. Algunas personas me habían comentado con antelación que la comida era uno de los hits del hotel, así que era más que natural que pidiera ver al responsable de la creación de la oferta gastronómica.
Cramer, originario de Connecticut, lleva seis años y medio al frente de la cocina. Entre 2005 y 2006 tuvo el reto, bastante inusual, de seducir a los vecinos con la comida servida en el octavo piso del Sonesta.
-“El reto era que la gente acudiera a visitar el hotel por su restaurante”, dijo Cramer.
-“Pero, ¿por qué cocina peruana”, le pregunté.
-“Se escogió este enfoque porque es diferente. Todos conocen un poco de lo que es cocina italiana, pero pocos son conscientes de lo que es la gastronomía peruana y lo que ésta ofrece. Así que era un reto bastante atrevido porque la cocina peruana es diferente”, respondió.
Según comentó, a la comida hay que hacerle justicia y por eso en este hotel no se toman atajos. Para evitarlos Christopher viajó al Sonesta de Lima por dos meses para entrenarse en la preparación de este tipo de comida. Luego uno de los expertos gastronómicos con los que estuvo viajó a Miami para monitorear la evolución de l proceso. Ahora, Cramer la tiene relativamente fácil, pues está casado con una peruana y ya ella, tradicionalmente exigente, le dio el visto bueno.
Nosotros también teníamos que dárselo. Eran para ese entonces las ocho de la noche y, tal como estaba en la agenda, había llegado el momento de cenar. Cramer ya no estaba, había ido a ayudar a su equipo pues esa noche, como ocurre usualmente en las de primavera y verano, el restaurante estaba full.
Estaba ad portas de conocer lo que el chef me había descrito como el diamante en la roca o, en términos más precisos, la posibilidad de acceder a algo que no estaba esperando.
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| Índice del Artículo |
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| Como en una casa con muchos lujos |
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Cuando se hace un viaje generalmente se extraña la casa. Pero en la zona de Coconut Grove, en Miami, hay un lugar que hace todo lo posible para que sus huéspedes se sientan como si nunca hubieran dejado su hogar. por Julián Arcila
He estado un par de veces en el Hotel Sonesta de Coconut Grove, en Miami, y puedo decir que es un lugar que tiene la capacidad de transmitir un sinfín de emociones. Es como vivir el puro sentido de lo bueno, pues además de estar ubicado en una de las zonas más populares de la “capital del sol”, como establecimiento hacen todo lo posible, y creo que hasta lo imposible, para no desentonar con sus alrededores o más aún decepcionar al visitante.
Cuando supe que debía escribir sobre ese hotel pensé que iba a tener la oportunidad de verificar que lo que percibí la primera vez que me hospedé allí era cierto. Recibimos la invitación de Benjamín Cabán, el nuevo jefe de ventas del hotel, quien tomó esta posición hace ya siete meses luego de haber trabajado con algunas de las más importantes cadenas hoteleras del planeta como Hyatt y Marriott.
Llegué un día de mediados de mayo, precisamente cuando el clima de esa ciudad está en su mejor etapa, ni muy frío ni muy caliente, y esto propicia que se pueda disfrutar tanto de los interiores, como de las zonas comunes de los hoteles y de los mismos exteriores.
Tenía poco tiempo para empaparme del Sonesta, pero hice lo posible. A mi favor tenía el hecho de que no es muy difícil habituarse a esta propiedad, gracias a una combinación perfecta entre diseño arquitectónico, servicio al cliente y un exquisito restaurante, algo que en mi opinión levanta o rebaja la categoría a un hotel. El hotel está decorado al estilo Miami: muy cosmopolitan, tipo boutique, su decoración es sexy e integra colores claros y fríos con los cálidos, siempre representando la vida de la ciudad.
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Antes de hacer la inspección de los interiores aproveché y di un recorrido por el sector, que ya me es un tanto familiar (las oficinas de GERENCIA DE VIAJES en Miami están bastante cerca).
Coconut Grove fue tradicionalmente una de los lugares más activos de Miami, pero la crisis económica y algunas regulaciones en cuanto a los establecimientos comerciales en zonas residenciales mermaron un poco la afluencia de público a un vecindario que se caracteriza por sus buenos restaurantes, opciones financieras, galerías de arte, discotecas y bares.
Un diamante en la roca
La cocina fue la puerta de entrada hacia el Sonesta. A las cinco de la tarde de un viernes fresco me reuní con Christopher Cramer, chef ejecutivo del Restaurante Panorama, uno de los emblemas de esta propiedad. Algunas personas me habían comentado con antelación que la comida era uno de los hits del hotel, así que era más que natural que pidiera ver al responsable de la creación de la oferta gastronómica.
Cramer, originario de Connecticut, lleva seis años y medio al frente de la cocina. Entre 2005 y 2006 tuvo el reto, bastante inusual, de seducir a los vecinos con la comida servida en el octavo piso del Sonesta.
-“El reto era que la gente acudiera a visitar el hotel por su restaurante”, dijo Cramer.
-“Pero, ¿por qué cocina peruana”, le pregunté.
-“Se escogió este enfoque porque es diferente. Todos conocen un poco de lo que es cocina italiana, pero pocos son conscientes de lo que es la gastronomía peruana y lo que ésta ofrece. Así que era un reto bastante atrevido porque la cocina peruana es diferente”, respondió.
Según comentó, a la comida hay que hacerle justicia y por eso en este hotel no se toman atajos. Para evitarlos Christopher viajó al Sonesta de Lima por dos meses para entrenarse en la preparación de este tipo de comida. Luego uno de los expertos gastronómicos con los que estuvo viajó a Miami para monitorear la evolución de l proceso. Ahora, Cramer la tiene relativamente fácil, pues está casado con una peruana y ya ella, tradicionalmente exigente, le dio el visto bueno.
Nosotros también teníamos que dárselo. Eran para ese entonces las ocho de la noche y, tal como estaba en la agenda, había llegado el momento de cenar. Cramer ya no estaba, había ido a ayudar a su equipo pues esa noche, como ocurre usualmente en las de primavera y verano, el restaurante estaba full.
Estaba ad portas de conocer lo que el chef me había descrito como el diamante en la roca o, en términos más precisos, la posibilidad de acceder a algo que no estaba esperando.
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