No hay nada que cause más impacto y furor que una nueva estrategia o práctica de mercadeo tendiente a promocionar y hacer crecer los pequeños negocios. Sin embargo, no hay nada más frustrante y desalentador que cuando dicha panacea se convierte en una moda y termina como puro verso, y lo que es peor, inútil e inaplicable.
Pues bien, no son pocos los ejemplos que se ajustan a lo anterior, pero para no ir muy lejos en el pasado centrémonos en la web 2.0. Sin lugar a dudas no hay, desde la misma aparición o publicación de Internet, otro fenómeno que haya dado tanto de que hablar. Sus bondades son innegables y el hecho de que el usuario sea ahora partícipe de la generación de contenidos y que más allá, pueda elegir el contenido exacto que quiere recibir, no admite discusión alguna sobre la importancia que tiene como fenómeno y lo valioso que puede resultar, sabiéndolo utilizar, para una organización.
Sin embargo es importante empezar a bajarnos de la nube. No todo el que tiene un blog está promocionando adecuadamente su negocio, como tampoco el que tenga una cuenta de Facebook o Twitter necesariamente “está en la jugada”. Para darles una idea de hacia dónde voy, ¿cuántos de ustedes no han entrado a páginas, blogs o perfiles que los ahuyentan de inmediato con tan sólo una mirada?
El punto es que es cierto que estas tecnologías y posibilidades están al alcance de todos y que son gratuitas, pero también requieren de trabajo y creatividad. Cualquiera que piense que está revolucionando su estrategia de mercadeo por tener acceso a dichos medios, sin importar el contenido ni el conocimiento de su propio “seguidor” está simplemente desperdiciando un esfuerzo importante.
Lo más triste es que como este tipo de acciones no obtendrán los resultados esperados, es casi seguro que el blog o la iniciativa que nació de una buena intención terminará simplemente relegada al olvido y sin mucha promesa de ayudar a promover el negocio.
La invitación es entonces a no ser facilistas y pensar que en el medio está todo lo que se necesita, pues el fin -tenerlo claro por lo menos- es fundamental, así como los contenidos. La red, después de todo, ofrece bastantes instructivos que nos pueden servir. Así que a leer se dijo.
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Pues bien, no son pocos los ejemplos que se ajustan a lo anterior, pero para no ir muy lejos en el pasado centrémonos en la web 2.0. Sin lugar a dudas no hay, desde la misma aparición o publicación de Internet, otro fenómeno que haya dado tanto de que hablar. Sus bondades son innegables y el hecho de que el usuario sea ahora partícipe de la generación de contenidos y que más allá, pueda elegir el contenido exacto que quiere recibir, no admite discusión alguna sobre la importancia que tiene como fenómeno y lo valioso que puede resultar, sabiéndolo utilizar, para una organización.
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El punto es que es cierto que estas tecnologías y posibilidades están al alcance de todos y que son gratuitas, pero también requieren de trabajo y creatividad. Cualquiera que piense que está revolucionando su estrategia de mercadeo por tener acceso a dichos medios, sin importar el contenido ni el conocimiento de su propio “seguidor” está simplemente desperdiciando un esfuerzo importante.
Lo más triste es que como este tipo de acciones no obtendrán los resultados esperados, es casi seguro que el blog o la iniciativa que nació de una buena intención terminará simplemente relegada al olvido y sin mucha promesa de ayudar a promover el negocio.
La invitación es entonces a no ser facilistas y pensar que en el medio está todo lo que se necesita, pues el fin -tenerlo claro por lo menos- es fundamental, así como los contenidos. La red, después de todo, ofrece bastantes instructivos que nos pueden servir. Así que a leer se dijo.
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