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por Alberto Bosque
Coincidirán conmigo en que en nuestro sector hay una gran preocupación acerca de qué pasará, del cómo evolucionarán las cosas, y de qué será de nuestras empresas. Una fijación de algunas de estas empresas hoy por hoy, gira en torno al recorte de costes. Y algunas deciden acudir a menos ferias, realizar menos viajes promocionales e incluso prescindir de sus comerciales.
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Algunas empresas tienden a ahorrarse costes en su promoción, volcándose en medios exclusivamente técnicos que buscan el cliente final, a través de la página web o de boletines de noticias.
No seré yo quien niegue la importancia de Internet, pero este medio es tan fuerte que hoy por hoy tenemos un exceso de información. Tenemos acceso a tanta, que termina por no interesarnos. Simplemente no la leemos. Podemos recibir tantos boletines de noticias, que los eliminamos en nuestro correo.
En mi opinión, gracias a Dios, el turismo no es un negocio de venta de zapatos, que se rija sólo por costes de producción y de distribución. El turismo es un sector más humano, que se asienta en la confianza y la empatía entre las personas.
Me resisto a pensar en la idea de hoteles con servicios automatizados, en turistas que no van a hacerse aconsejar por su agente de viajes, en viajeros que visiten un museo con una audioguía, en ferias virtuales en donde los profesionales no se ven la cara.
Sé que estas cosas existen, y tal vez proliferarán, pero estoy convencido de que hay aún más gente que prefiere que en el hotel le saluden en recepción por su nombre; que prefiere llegar a su agente de viajes para que él le aconseje en base a su experiencia; que prefiere visitar un museo con la ayuda de un guía local que le haga comprender lo que allí hay; que prefiere relacionarse con los profesionales que van a trabajar con sus clientes.
Los medios técnicos tienen muchas posibilidades, y se tienen que utilizar. Pero también es algo efímero. Las relaciones humanas duran para siempre. Como profesional y como cliente, en donde esté una persona que me inspira confianza, que se quite cualquier máquina. A mí, y creo que a la mayoría de la gente, me gusta un trato personal y personalizado. Las máquinas están para otra cosa. En el turismo, están para que sean utilizadas por las personas, pero no para sustituirlas.
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